Tengo el vicio de leer cada mañana el BOE, el BOJA y el BOP. Y lo hago aunque no lea la prensa. Los boletines nos dicen algo del futuro. Los periódicos las más de las veces sólo son una manipulación -digo, interpretación- del pasado. Aunque también fabulan sobre el futuro. La noticia periodística de que la DGT dispondrá en otoño de un nuevo sistema de control de velocidad media me interesa. Se controlará la velocidad de los vehículos por tramos en lugar de hacerlo, como ahora, con las velocidades instantáneas. El ABC, El País, Público, La Razón o El Mundo interpretan, cada cual a su aire, el valor recaudatorio o no de la medida, su influencia -o su nula influencia- sobre la seguridad del tráfico y alguna noticia sobre los defensores y detractores de la medida.
Unos días antes de que esta noticia o este globo-sonda, que de todo hay en la viña del señor, saliera a la luz, el BOE publicaba la Orden EHA/2041/2009, de 16 de julio (BOE del 29) en la que, en desarrollo de las medidas de lucha contra el fraude fiscal, establece una “Declaración informativa anual de consumo de energía eléctrica” en la que las compañías suministradoras (las que nos aplican la TUR y las otras) deberán facilitar anualmente la totalidad de los datos relativos a todos y cada uno de los contratos de suministro y, en concreto, a) Nombre y apellidos o razón social o denominación completa y número de identificación fiscal de los contratantes, y, en su caso, de aquellos a cuyo cargo proceda efectuar el cobro de las correspondientes facturas. b) Referencia catastral del inmueble y su localización. c) Potencia nominal contratada y consumo anual en Kilovatios. d) Ubicación del punto de suministro. e) Fecha de alta del suministro.
No se trata de los consumos superiores a un volumen concreto, ni de los que excedan determinada potencia, ni los que tengan finalidades comerciales o industriales. Todos. Los domésticos también. Y en soporte informatizado y validado.
Cuando pienso que la única forma de controlar la velocidad por tramos es reconocer (y almacenar supongo) automáticamente la totalidad de las matrículas de los vehículos en un punto concreto para volver a hacerlo unos kilómetros más adelante, lo que menos me importa es la multa que me puedan imponer. Me inquieta que el Estado, so pretexto de luchar contra los excesos de velocidad, almacene quizás indefinidamente nuestros pasos por distintos puntos de las carreteras españolas.
No recuerdo en los últimos veinte años haber sido denunciado jamás por exceso de velocidad. Tampoco recuerdo, desde que leí «1984», un entramado de control social tan intenso y tan poco respetuoso con la privacidad y la intimidad de los ciudadanos.
Stendhal confesaba a Balzac que, para coger tono literario y ser siempre natural leía cada mañana dos o tres páginas del Código Civil francés. Viendo el BOE y la prensa española es evidente que en Francia hubo una revolución que en España ni nos hemos atrevido a soñar.