
La A-316, veinte años después, es la autovía de los 90.
Que nadie se llame a engaño. Denominada también Autovía del Olivar, que ahora irá desde Úbeda a Estepa como hace años iba a ir de Úbeda a Cabra (pasando por Jaén), es la gran obra publica en el eje transversal de Andalucía que no hace de Sevilla su razón de ser. Por eso es de los 90.
No se trata de ninguna obra adelantada a su tiempo. De la década de los noventa sólo el año 92 contaba y por eso sólo la A-92 se ejecutó. Y el AVE de Brazatortas.
En el caso de la A-316, del Olivar, los noventa hacen referencia a una cualidad y no a un momento.
Veámoslo con un ejemplo: Si se instaurara el anunciado sistema de control de velocidad por trayecto entre Úbeda y Torredonjimeno (unos 74 kilómetros), la media máxima que se podría alcanzar sin ser sancionado se situaría algo por encima de los 60 kilómetros por hora. Claro, se dirá, que hay muchos tramos en obras. Cierto. Pero si pudiésemos establecer un itinerario ideal que uniera estas dos poblaciones eliminando los tramos que no son A-316 o que están en obra, es decir, si recorriéramos los escasos 28 kilómetros de autovía que hay en servicio entre ellas veríamos que al incorporar los cuatro kilómetros más próximos a Úbeda, la velocidad media teórica máxima posible es de 94 kilómetros a la hora. Eso con un vehículo sin inercia, capaz de pasar instantáneamente de 40 a 60 km/h, de 60 a 80 o de 80 a 100 y a la inversa. Dicho de otro modo: sin incurrir en infracciones puntuales por exceso de velocidad la velocidad media real no superaría los noventa kilómetros por hora.
Es decir, la misma que podríamos alcanzar en una vía interurbana con arcén inferior a un metro de anchura.
Federico se dolía por el agua encerrada en un pozo. Nosotros, por las autovías que no dan a Sevilla, las de los 90, que tampoco desembocan.

