Hoy los informativos señalan triunfantes la caída de la inflación interanual al 2′4%. Lo atribuyen, será para consolarnos, al buen comportamiento de los precios del petróleo, el transporte y la cultura y el ocio. Lamentan que la Bolsa no se contagie de este optimismo.
Lo que no destacan, porque en el alumbrado de nuestras ciudades se ha instalado la Navidad, es que el índice ha caído 0′4 puntos en un mes habitualmente inflacionista. Esperan para explicarnos qué significa todo esto a que hayamos devorado las últimas migajas de la esperanza.
Entre tanto, caminamos taciturnos con la sonrisa extraviada hacia ese triple cero que no es el calibre de un hilo o el grano de un pliego de lija, sino un nuevo y moderno jinete del Apocalipsis que se llama cero inflación, cero tipos de interés, cero crecimiento.
Como han advertido por ahí, sólo debemos atemorizarnos ante una profunda crisis y dos guerras interminables. De la deflación nos contarán más en mayo.


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